La becada permanece en Europa cuando los alimentos están
en su máximo esplendor, cuando llegan los grandes fríos
y la alimentación se hace difícil, emprende sus rutas
migratorias milenarias hacia el sur donde invernara hasta que cambien
las condiciones climáticas.
Aparece en los cazaderos en la segunda o tercera semana de noviembre
o bien en la primera de diciembre, huyendo del frío de los
países del norte de Europa de donde procede. Cuatro o cinco
meses permanecerá en nuestros campos, coincidiendo con la temporada
cinegética invernal, hasta la llegada de la contrapasa, o emigración
de vuelta, que se producirá entre la segunda semana de febrero
y primera de marzo, fechas en que las fuertes heladas de nuestros
campos le harán buscar mejores climas.

La becada es enemiga de las tierras heladas que le impiden perforar
los barros y tierras para su alimentación. Esto ha hecho que
en los últimos años, en que los inviernos han sido más
benignos en el norte de Europa, la emigración hacia la península
haya sido menor.
Ver a tamaño realSi bien pueden encontrarse ejemplares aislados
de becadas en todas las zonas del país, su abundancia en España
sólo es significativa en Asturias y Cantabria y de una relativa
presencia en el cuadrante noroeste de la Península. Son los
únicos bosques verdes que encuentra en su vieja vía
migratoria que recorre una línea imaginaria sobre el litoral
Cantábrico y Portugal pasando a Extremadura y Andalucía
cruzada a otra que iría desde Tarragona hacia el Estrecho de
Gibraltar. En Baleares y Tarragona se encuentra en una menor proporción,
pero en mayor abundancia que en el resto de España, donde su
presencia en anecdótica, sorprendiendo a veces al cazador durante
el ejercicio de la caza de otras especies.
La becada gusta de terrenos húmedos con pastos frescos y con
un arbolado espeso, como castaños, encinas y robledales. Al
igual que el resto de agachadizas, se alimenta de larvas y lombrices
y pequeños gusanos de las tierras cubiertas de hojas